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La Sociedad de la Libélula

Hacía tiempo que tenía pendiente leer La Sociedad de la Libélula, de Ana González Duque. Ya había leído su novela juvenil romántica Proyecto Bruno, así que tenía muchas ganas de adentrarme en sus novelas de fantasía. Por eso me sentí fatal cuando, después de leer un par de capítulos, tuve que dejarlo parado porque no me estaba enterando de nada.

Sí, así fue. Y mira que no me gusta nada dejar libros a medias, pero es que sentía que el libro era mucho mejor de lo que me estaba pareciendo en ese momento y tenía que darle la oportunidad que se merecía.

Este verano me decidí a retomarlo por fin. Y menos mal que lo hice 😁

Sinopsis

Cuando «La Sociedad de la Libélula», la mayor editorial de fantasía del país, abre sus puertas a nuevos autores, Isabel decide probar suerte. Siempre había considerado que perderse en un buen libro era una actividad placentera.

Hasta que conoce a Melchor Malatar, el editor jefe de La Sociedad, inventor de un trasladador que permite a los escritores vivir sus propias historias. Desdibujar las fronteras entre ficción y realidad no tiene tanto encanto como Isabel había creído, sobre todo cuando se sumerge en un mundo helado y agonizante, poblado de razas extrañas, en el que su vida corre grave peligro.

Un escritor desaparecido, un homicidio y un amor que desafía todas las normas impuestas se entrelazan en una trama que Isabel deberá recorrer en busca de un final feliz capaz de salvarla.

El mundo congelado de La Sociedad de la Libélula

O más bien, los mundos. Porque La Sociedad de la Libélula la acción se desarrolla de forma paralela en dos mundos: el nuestro, el real, y el de Anisóptera.

El mundo real no necesita muchas explicaciones. Salvo por el hecho de que hay una editorial, La Sociedad de la Libélula, en la que todos los autores se mueren por entrar. Y en esta editorial hay unas máquinas que permiten que los autores se adentren en los mundos que están creando. Ese es el sueño de todo escritor, ¿no? Vivir en los mundos que ha imaginado.

Pues a nuestra protagonista, Isabel, no parece que le haga demasiada gracia viajar a Anisóptera.

Y es que se trata de un mundo congelado, en el que no existe un sol. Cuenta con una fuente de energía de tipo nuclear, un gran ojo en el que se celebra un ritual para desencadenar la tormenta que renueve la energía de todo su mundo. La pega es que el ritual, que debe dirigir la reina de Anisóptera, entraña peligro de muerte para sus celebrantes si no va todo como se espera.

En Anisóptera conviven diferentes razas. Por un lado tenemos los arthros, una mezcla de humanos y libélulas, que ocupan la posición más alta en la jerarquía social. Sus alas son mortíferas: afiladas y cargadas de partículas de uranio. Son los arthros los que, al dar vueltas a toda velocidad alrededor del ojo ritual, provocan la reacción nuclear que genera la energía con la que sobrevive Anisóptera.

El resto de razas que encontramos en La Sociedad de la Libélula son también híbridos de humanos con otras especies: los regips tienen características de reptiles; los nophya, de mamíferos (no he podido dejar de imaginármelos como unos perrazos enormes, todo pelo y colmillos y más brutos que inteligentes); las coerus son acuáticas; y por último, en el escalafón social más bajo, tenemos a los parias: los simples humanos.

Se trata de un mundo pensado hasta el último detalle. Todo en él, desde la geografía hasta la jerarquía social, está condicionado por esa falta de sol, como la misma Ana explica en su blog en un artículo sobre la creación de mundos de fantasía. Se nota el gran trabajo que ha hecho la autora. Y desde luego, es una de las razones para que el libro merezca la pena. Pero no la única.

Personajes principales de La Sociedad de la Libélula

Otro de los puntos fuertes de la novela son sus personajes, perfectamente construidos y llenos de matices. Iremos avanzando a lo largo de la historia a través de cuatro voces:

La Sociedad de la Libélula - Personajes principales
Melchor Malatar, Nahum, Isabel y Taar

En primer lugar tenemos a Isabel, una periodista cuyo mayor sueño es dedicarse a la escritura, agobiada por la responsabilidad que supone cuidar de su abuela, enferma de alzheimer, y de su gato. Se presenta a las pruebas de selección de La Sociedad de la Libélula con poca esperanzas, porque ¿quién iba a querer contratar a una autora pequeñita como ella? Pero da la campanada y es una de las seleccionadas, así que tendrá que decidir si acepta la oportunidad que le ofrecen, aunque eso suponga cambiar su vida por completo.

En segundo lugar tenemos a Melchor Malatar, el editor jefe de La Sociedad de la Libélula. Es un hombre mayor que no se sabe muy bien de dónde ha salido y cómo ha llegado a tener la editorial más puntera del país. En cuanto le conoces tienes claras dos cosas: que esconde muchos secretos y que no vas a soltar el libro hasta que los descubras.

En el mundo de Anisóptera seguiremos a dos personajes principales: Taar es un paria, un humano. Vive en una situación bastante buena para los de su clase, al ser aprendiz de médico. Su especial habilidad para arreglar cosas le pondrá en contacto con la princesa de los arthros, encuentro que cambiará su vida para siempre.

Y por último tenemos a Nahum, un arthros. Pero uno muy especial: no solo ha perdido la memoria y no recuerda nada de quién es ni de su pasado, sino que se le han borrado todos los tatuajes que marcan el cuerpo de los arthros cuando les ocurre algo especial. Nahum solo tiene un tatuaje: una libélula.

Con un elenco de personajes con tantos secretos ocultos, ¿cómo no vas a devorar las páginas para descubrirlos todos?

Trama montada como un circo de tres pistas

Así que ahí estamos, lanzados a leer las peripecias de estos cuatro personajes. La relación entre Isabel y Melchor queda clara desde el principio, pero ¿y los demás?

Como dije al principio, la primera vez que traté de leer el libro tuve que abandonarlo porque me perdí. Cuando nos vemos arrojados a Anisóptera todo es bastante caótico: no conoces nada sobre el mundo ni las razas, y enseguida se van alternando los puntos de vista de otros personajes que no sabes quiénes son ni qué tienen que ver con nuestra pobre escritora… Un poco lío.

La verdad es que está muy bien pensado hacerlo así porque es lo mismo que pasa a Isabel, que se da bruces con un mundo que no conoce de nada. El shock es tremendo (y más aún en su caso por las circunstancias en las que llega, ya verás). Y tú, como lector que se pone en su pellejo, tienes esa misma sensación de «¿dónde demonios me he metido?».

Pero de verdad, si te pasa como a mí, no desistas. Tómatelo con calma y date un poco de tiempo. Porque la realidad es que Ana ha hecho un trabajo espectacular para armar este circo de tres pistas que es La Sociedad de la Libélula. Poco a poco irás conectando los puntos y cuando por fin armes el puzzle completo… ¡¡BOOM!! 💥

Aunque hay algunas cosas que te puedes ver venir (y no me cabe duda de que algunos detalles los ha dejado más o menos claros a propósito para que te enganches más por ver si tus sospechas son ciertas), otras simplemente te dejan con la boca abierta de par en par durante una semana.

El resultado final es sencillamente impresionante, un encaje de bolillos maravillosamente ejecutado. Así que no sabes cuánto me alegro de ser muy cabezota y de haberle dado otra oportunidad a este libro, porque me ha parecido una pasada.

¿Te atreves a adentrarte en Anisóptera?

(PD: ¿Has visto qué pasada de portada y de ilustración de personajes? Obra de la simpar LiberLibélula)

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Hola.
    Leí hace tiempo yo también su libro de Proyecto Bruno y me gustó muchísimo, así que tengo este libro entre mis pendientes, tengo que leerlo tarde o temprano, y más habiendo leído esta pedazo de reseña.
    Muchos besos.

    1. PilarMartin

      Ay sí, Proyecto Bruno lo tengo por aquí reseñado también, creo que fue una de las primeras reseñas del blog 🙂 ¡
      ¡Qué ganas de que salga Proyecto Caro!!
      Gracias por pasarte a comentar

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